domingo, 19 de mayo de 2013

EL GRITO


EL GRITO



"No pinto lo que veo sino lo que ví". Con estas palabras describía el pintor noruego Edvard Munch (1863-1944) la carácterística básica de sus obras. Pero, ¿qué había podido ver en su pasado este pintor que preludia el expresionismo como tendencia artística que se difundiría por Europa en los primeros años del siglo XX? Sabemos que el artista tuvo una vida familiar muy desgraciada: su madre murió víctima de una tuberculosis cuando el tenía cinco años y de la misma enfermedad falleció una de sus hermanas algunos años después. Por otra parte, su padre, al parecer un hombre muy severo, trató de transmitirle sus propias ideas acerca de la naturaleza pecaminosa del hombre y la posibilidad de castigo divino. Se considera incluso que el propio artista debió padecer una psicosis de carácter maníaco-depresivo.

El grito es el título de cuatro cuadros del noruego Edvard Munch. La versión más famosa se encuentra en la Galería Nacional de Noruega y fue completada en 1893.
Todas las versiones del cuadro muestran una figura andrógina en primer plano, que simboliza a un hombre moderno en un momento de profunda angustia y desesperación existencial. El paisaje del fondo es Oslo visto desde la colina de Ekeberg. El grito está considerado como una de las más importantes obras del artista y del movimiento expresionista, constituyendo una imagen de icono cultural.

Pintor noruego, autodidacta, fue la personalidad más influyente en el nacimiento del movimiento expresionista. Su pintura rechaza los temas neutros del impresionismo y se dedica a a expresión de estados de ánimo intensamente subjetivos, morbosos y turbadores. Su finalidad es explorar el mundo interior de la conciencia humana. 

El cuadro es abundante en colores cálidos de fondo, luz semioscura y la figura principal es una persona en un sendero con vallas que se pierde de vista fuera de la escena. Esta figura está gritando, con una expresión de desesperación. En el fondo, casi fuera de escena, se aprecian dos figuras con sombrero que no se pueden distinguir con claridad. El cielo parece fluido y arremolinado, igual que el resto del fondo.

En primer lugar; está pintado al óleo sobre lienzo, como era propio de aquella época. Posee un tipo de pincelada ancha y larga, lo que ocasiona que la textura del cuadro sea suave. La temática que trata es poco corriente, ya que lo que el autor intenta describirnos y trasmitirnos a través del cuadro es la angustia y el dolor que él siente por la pérdida de su madre y su hermana a raíz de la tuberculosis. No hay un predominio continuo de la línea, sino que las formas se hacen utilizando trazos continuos con sombras o claros. La perspectiva podemos describirla de la siguiente manera: en el puente las líneas son rectas para generar la perspectiva aérea, y en las figuras (sobre todo en la de primer plano) las líneas son onduladas para darnos esas sensación de movimiento que busca y, a la vez, transmitir así al observador el sentimiento de angustia que el autor explica sobre el lienzo. Esto nos conduce a decir que los expresionistas han roto con la temática y ciertos colores clásicos, pero no aún con el figurativismo y la perspectiva.


En segundo lugar, y concretamente refiriéndome al color, cabe decir que usa tanto colores cálidos como fríos; los combina. Lo hace para dar la sensación de desorden. Es un color irreal, vívido y forzado. Todo ello se debe a que está inspirado en una historia real de un paseo del propio pintor en una puesta de sol. El grito no lo da él, sino que la puesta de sol, los colores y la luz  entiende que es un grito desganado de la naturaleza.

La escena está representada en un atardecer, por lo cuál hay sombras y zonas iluminadas, y la luz la proyecta el propio atardecer. Pero hay que destacar que el cuadro no trata de marcar los volúmenes por juegos de luz, sino de color. La línea de horizonte es alta y está marcada por el mar azul y las dos figuras traseras.  Tiene una composición abierta y muy dinámica. A pesar de que casi todo el cuadro está marcado por el cielo hay que destacar dos zonas compositivas: el cielo y el puente, ambos tienen colores y pinceladas diferentes; cálidos y con pincelada ancha para el frente y colores fríos y pincelada estrecha para el puente.
En el cuadro la figura humana está tratada como una figura expresiva que se lanza hacia el espectador para contagiarle el desasosiego.

Para conocer más sobre esta espectacular pintura, mira esta vídeo: 






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